Latinos que pasaron situaciones límite

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    BOGOTÁ- El caso del pescador salvadoreño José Salvador Alvarenga, que es esperado hoy en su país como un héroe por haber logrado mantenerse con vida en un barco a la deriva en el Pacífico más de un año, apunta a tener el mismo impacto que el de otros famosos y admirados sobrevivientes latinoamericanos. Aunque al principio hubo dudas de la veracidad de la historia de Alvarenga, las comparaciones con los 33 mineros chilenos que estuvieron 70 días bajo tierra en 2010 y con los 16 uruguayos que en 1972 soportaron durante 72 días el frío, el hambre y la desesperanza en medio de los Andes, por mencionar solo los casos más conocidos, se hicieron enseguida inevitables. Por ahora no se habla de películas ni libros, pero el caso de Alvarenga, de 37 años, tiene todos los ingredientes necesarios para hacerlo tan atractivo como los mencionados: es la historia de un hombre que lucha solo contra la adversidad y la vence. El naufrago afirma que a fines de 2012 zarpó de un puerto del sur de México a bordo de una embarcación abierta de fibra de vidrio y siete metros de eslora junto a otro pescador para pescar tiburones. Una fuerte tormenta alejó a la embarcación de la costa y los dos tripulantes quedaron a la deriva en medio del Pacífico. El compañero de Alvarenga murió poco después de la tormenta porque no fue capaz de alimentarse, como él hizo, de los peces, aves y tortugas que lograba atrapar con las manos ni beber agua de lluvia, su orina y sangre de tortuga. Así fueron pasando los meses hasta que el 30 de enero de 2014 la corriente llevó el barco hasta un arrecife en Ebon, un remoto atolón de la Islas Marshall, a más de 10,000 kilómetros de la costa mexicana del Pacífico, donde a duras penas pudo contar su historia a los isleños, pues solo habla español. De Ebon fue llevado a Majuro, la capital del archipiélago, desde donde su caso se difundió a todo el mundo y su fotografía, sonriendo tímidamente con pelo largo y barba pelirroja y aparentemente en buen estado de salud, dio la vuelta al mundo. En un principio se creyó que era mexicano pero después se supo que nació en Garita Palmera, en el departamento salvadoreño de Ahuachapán, aunque tenía residencia en Costa Azul, en el estado mexicano de Chiapas. Sus familiares, incluida una hija de 14 años a la que casi no conoce, le daban por muerto incluso sin saber de su odisea, pues se fue a vivir a México y en ocho años no se comunicó con ellos. Su padre, José Ricardo Orellana, de 65 años, atribuye al "poder de Dios" que su hijo haya logrado vivir tanto tiempo en circunstancias tan difíciles, pero de acuerdo con las primeras crónicas llegadas desde las islas Marshall él también puso de su parte, pues supo protegerse del sol y alimentarse. Según algunas crónicas, cuando fue rescatado de los arrecifes del atolón tenía un pájaro atado por una pata, lo cual indica que tenía un plan y no lo dejó todo librado a la suerte. Lo mismo ocurrió con los 33 mineros que el 5 de agosto de 2010 quedaron atrapados a 720 metros de profundidad en una mina del desierto de Atacama (norte de Chile) o los ocupantes de un avión que llevaba a jugadores de rugby uruguayos y a sus familiares a Chile y se estrelló el 13 de octubre de 1972 en la cordillera de los Andes. En el avión iban 45 personas, de las cuales 12 murieron en el accidente. De las 33 que quedaron con vida en medio de la nieve y a temperaturas de hasta 30 grados bajo cero sobrevivieron 16. Fueron hallados 72 días después del accidente gracias que dos de ellos, después de haber escuchado por radio que se había abandonado su búsqueda, salieron a buscar su salvación y al cabo de muchos días y penurias dieron con un arriero que avisó a las autoridades. Lo que más trascendencia tuvo en un principio fue que para sobrevivir llegaron a comer la carne de sus compañeros muertos. Los sobrevivientes creen más importante el coraje y la capacidad de trabajar en equipo. Los protagonistas de la hazaña en los Andes, que dio lugar al libro "Viven", luego adaptado al cine, y a otros escritos por algunos de ellos, trataron de preservarse de la fama. Uno de ellos, Fernando Parrado, ha hecho de la experiencia que tuvo en su juventud una lección para empresarios y ejecutivos, algo que también han hecho algunos de los mineros, los cuales fueron sacados de las entrañas de la tierra en una complicada operación orquestada por el Gobierno y contaron con el apoyo permanente de sus familias y compañeros desde la superficie. Sin embargo, algunos de ellos han tenido problemas de adaptación y laborales después de haberse hecho famosos en todo el mundo.